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LOS VERDES DE COLLADO VILLALBA "EQUO COLLADO VILLALBA"

MENOS HUMOS, 14 DIAS SIN FUMAR

El Gobierno Zapatero se ha mostrado tajante a la hora de bajar los humos a los fumadores, con el respaldo del resto de grupos políticos, todo hay que decirlo. En las últimas semanas del año que acaba de terminar el tabaco se convirtió en tema de tertulias, debates y hasta chanzas. La desinformación, alimentada por la rumorología, dio la sensación de que a partir del uno de enero los españoles no iban a poder fumar ni en casa. Los más pesimistas piensan que ésta última es una opción que nunca se puede descartar. Pero pronósticos aparte, lo cierto es que la nueva ley se ha empezado a cumplir sin que ello represente demasiados problemas entre los consumidores de un tabaco que, por otro lado, vende el propio Estado que intenta coartar su consumo. Esta paradoja es la que señala José Luis Guerra, adjunto a la presidencia de la Asociación de Hosteleros, al plantear la hipocresía que supone prohibir con una mano y, con la otra, hacer concesiones administrativas, vulgarmente llamadas estancos, que ahora son casi las únicas que pueden dispensar cigarrillos. Una adicción por la que vía impuestos, además, ese mismo Estado percibe pingües beneficios, mayores en unos dos mil millones que los costes en Seguridad Social ocasionados por las propias enfermedades ligadas al consumo de tabaco. Desde esta asociación, como desde muchas otras directamente afectadas por las medidas anti tabaco, se apoya el fondo (es bueno dejar de fumar) aunque no las formas (pero no a consta de nuestros beneficios) redundando en lo políticamente correcto sin olvidar que "la pela es la pela".

La idea de no poder fumar en un bar es algo que los españoles fumadores eran incapaces de imaginar, y lo cierto es que no se han equivocado: se calcula que el 90 por ciento de los establecimientos de hostelería de menos de cien metros han optado por permitir fumar. La gran preocupación de estos pequeños empresarios residía en que cualquiera de las dos opciones que contemplaba la Ley era mala para su parroquia. Podían perder a los clientes fumadores si se sumaban a la "liga contra el humo" pero no podrían atender a las familias con niños pequeños que forman una pequeña gran masa de ingresos cada fin de semana. El condicionante que parece haber inclinado la balanza definitivamente hacia los amantes de la nicotina es la interpretación flexible de la norma que en sólo unos días pasó de convertir a los hosteleros en vigilantes susceptibles de ser sancionados, si se encontraba a un menor en un establecimiento en el que se permitiera fumar, a hacer responsables a los padres o tutores de los pequeños de la salud de sus vástagos. Muchos propietarios de bares respiraron entonces tranquilos, aunque fuera en medio de una nube de humo.

Caso diferente es el de los bares, cafeterías y restaurantes de más de cien metros, donde no cabe la posibilidad de elegir un bando u otro. Si los propietarios de estos negocios optan por ceder una parte de su superficie a los fumadores, ésta sólo podrá ser del 30 por ciento, pero además deberá estar separada físicamente del resto del local y disponer de sistemas de ventilación, aire acondicionado y calefacción diferentes. A la ya de por sí costosa reforma que tendrían que afrontar, se suma la imposibilidad de redistibuir los espacios, pues la norma no permite que el "gueto" de los fumadores se encuentre en una zona de paso. El único alivio para este sector es la moratoria de ocho meses para llevar a cabo las remodelaciones necesarias en sus locales.

Con todo ello, y hasta lo relatado, los menos perjudicados económicamente parecen haber sido esos bares de toda la vida, los del menú a 8 euros, carajillo, chupito y, por supuesto, cigarrito. Para ellos, el único cambio entre 2005 y 2006 ha sido el cartel que lucen en su entrada y que anuncia, para alivio de algunos y enfado de otros, que allí dentro la vida sigue igual. Pero, además, pueden vender tabaco mediante las máquinas expendedoras, con lo que es muy posible que sumen a su clientela aquéllos que ven en estos locales la única posibilidad de suministro cuando el estanco pilla lejos o, simplemente, ha cerrado sus puertas. Ellos suplirán, además, al kiosco de prensa donde la venta se ha prohibido ante el enojo y estupefacción de un sector que se siente claramente discriminado.

¿Los kiosqueros no son de fiar?

Juan Vicioso, presidente de FEMCAPRENS, federación que aglutina a diversas asociaciones de vendedores de prensa, no sale de su asombro ni oculta su indignación. "La venta de tabaco suponía una media de un 30 por ciento de nuestros ingresos", afirma con preocupación el representante de un gran número de pequeños empresarios que han visto con impotencia cómo se les ha cerrado unilateralmente una importante fuente económica sin que se haya previsto compensación alguna al quebranto para sus cajas. Los kioscos de prensa, que han aguantado estoicamente la competencia de establecimientos de venta de otros productos, como gasolineras o grandes almacenes, eran un punto de referencia para los fumadores a los que no importaba demasiado abonar el sobreprecio con tal de no caminar hasta el estanco. Está claro, hay muchos más puestos de periódicos que estancos repartidos por nuestras calles. Vicioso insiste, asimismo, en que al retirar las cajetillas de sus estantes perderán un pocentaje de de facturación importante, aún sin cuantificar, relacionado con la clientela que aprovechaba la compra de un paquete de cigarrillos para comprar otros productos en el kiosco. Los vendedores de prensa ya están preparando movilizaciones, la más próxima una concentración a las puertas del Ministerio de Sanidad, el próximo 30 de enero. Lo que no entienden los miembros de este sector es por qué se puede comprar un paquete de tabaco en la maquina expendedora de un bar donde se permita fumar y, sin embargo, no se puede adquirir directamente de la mano de un kiosquero. Desde luego, parece que el Gobierno no se fíe del criterio de un ser humano a la hora de discernir quién tiene más de 18 años y, por tanto, es libre de fumar si le apetece. Frente a esta medida, a nadie se le escapa que a un menor le sería mucho más sencillo hacerse con su ración de tabaco en una máquina expendedora situdada en un bar en el que el propietario o los empleados no pueden dedicar exclusivamente su jornada a vigilarla. Ésta es una paradoja más de una Ley que no parece contentar a nadie y que presenta claras lagunas lógicas. Dentro de los sinsentidos, cómo se puede explicar que alguien pueda comprar alcohol antes de las diez de la noche en una gasolinera pero no pueda comprar tabaco a ninguna hora del día. Claro, que entraríamos en otra polémica, quizá cercana. Y es que, a sólo una semana de terminar 2005, la ministra de Sanidad, Elena Salgado, ya adelantó que España necesita una ley similar a la "anti tabaco", pero referente al alcohol.

El trabajoya no es lo que era

La frase la pueden pronunciar tanto los abstemios al tabaco como los fumadores. Los ámbitos del trabajo ya no son lo mismo. Las penas previstas para los transgresores de la norma es suave al principio (30 euros), pero se endurece notablemente ante las posibles reincidencias (hasta 10.000 euros). Ya son muchas las grandes empresas que han instalado en sus relojes de fichar un nuevo concepto, "fumar", a la hora de hacer un receso para salir a la calle y entregarse a los perniciosos placeres del humo, un tiempo que se puede recuperar llegando un poco antes o saliendo algo más tarde.

Una encuesta del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) publicadad a mediados del pasado mes de diciembre, subrayaba que el 77 por ciento de los españoles se mostraba de acuerdo con nueva Ley, teniendo en cuenta que la población fumadora en nuestro país se calcula en torno a un 31 por ciento y que casi el 70 por ciento de los encuestados no confiaba en absoluto en el cumplimiento de la norma. Parece que los españoles tiene asumida su fama de transgresores habituales a juzgar por estos resultados que apoyaban las tesis de los más pesimistas, referentes a los problemas de convivencia que se darían en los centros de trabajo. Las previsiones se han equivocado en cuanto a los conflictos que podrían surgir en las plantillas por el hecho de que alguno se saltara a la torera la legalidad. Ni los no fumadores están siendo tan agresivos como se creía ni los fumadores están intentando imponer su voluntad. Aciertan, sin embargo, los expertos del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo, entidad que aglutina varias decenas de sociedades científicas, desde donde se había pronosticado la ausencia de conflictos tomando como referencia las muchas empresas que habían optado por la prohibición mucho antes de que entrara en vigor la nueva Ley. Desde esta institución, además, se apuesta por apoyar económicamente, desde la Administración pública, los tratamientos para abadonar el hábito de fumar, que cifran en una media de unos 160 euros, y sobre los que estiman un índice de éxito de un 40 por ciento.

Lo que sí se está imponiendo es una nueva imagen urbana, la del corrillo a la puerta de las empresas que en cada calada desgranan sus ansias y calman su ira contra una sociedad que quiere obligarles a adoptar hábitos saludables. Esta nueva moda trae consigo un inconveniente que también se está haciendo patente: las aceras de muchos accesos a centros de trabajo son improvisados colilleros ante los que los Ayuntamientos no están dispuestos a transigir y esgrimen sus ordenanzas de medioambiente que, en todos los casos, prevén multas a quienes arrojen una colilla a la vía pública. El fumador lo tiene difícil, o lo sancionan por vicioso o lo denuncian por guarro.

Pipas, chicles, caramelos... y parches

Cuando una puerta se cierra se abre una ventana. Si la Ley ocasiona graves perjuicios económicos a determinados sectores, abre nuevas líneas de negocio y pingües beneficios a otros. Aunque aún no se manejan datos oficiales, las ventas de sustitutivos de la nicotina se han disparado en estos 14 días. Cualquier farmacia dispone de un amplio catálogo de productos que se compran bajo la idea de que sirven para dejar de fumar, pero que realmente sólo cambian la posología de la nicotina, salvo los cigarros de plático mentolados que, según el Colegio de Farmacéuticos, es hasta ahora el artículo más demandado. También se están disparando las cifras de ventas de libros y manuales de autoayuda y de cursos que presumiblemente colaboran a decir adiós al humo bajo las más variopintas terapias: acupuntura, hipnosis, tai-chi, yoga o charlas. Pero si de disminuir la cuota de nicotina per cápita se trataba, la Ley parece haber surtido efecto. Todos los trabajadores fumadores consultados por esta redactora han concidido en señalar que, a pesar de no haber abandonado el hábito, sí han rebajado el número diario de cigarrillos. Muchos se sorprenden a sí mismos cuando se les pregunta si, además de no fumar en sus trabajos, cumplen a rajatabla las normas de tráfico en cuanto a respetar las velocidades máximas, hablar por el móvil mientras conducen, no estacionar en zona de carga y descarga o no aparcar en doble fila. "¡No, eso no!", afirman. Y es que el boom mediático previo a la entrada en vigor del texto legal ha podido más que todas las sesudas campañas diseñadas por la Dirección General de Tráfico o la autoridad administrada por la Guardia Civil o la Policía Municipal.

En cualquier caso, estas dos semanas se resumen en la práctica normalidad de acatamiento de unos ciudadanos que, para sorpresa de muchos, se han mostrado mucho más disciplinados de lo que nadie creía y en los conflictos económicos de de diversos sectores cuya polémica no ha hecho sino empezar.
FUENTE:SIERRA MADRID

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